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sábado, 20 de abril de 2013

Un año más, un año menos


Esas palabras del título se las robé a mi padre que las decía al terminar cada año, o cuando era su cumpleaños.

Al terminar el 2011 hice un post dedicado a mi familia y lo compartí con todo aquel que entró en mi blog, es por eso que no volveré sobre las mismas historias, privadas, pero bonitas de contar. Aquí las tienen por si acaso no las recuerdan o en aquella ocasión no las leyeron: Para mi familia.

Este 2012 se me antoja que se portó algo mal conmigo. No ha sido un buen año por diversas razones. He tenido que enfrentar problemas de salud de mis seres queridos —que son los más difíciles—, encuentros y desencuentros, pérdida de amistades queridas, en fin, tropiezos para cualquier mortal, y que son obstáculos a vencer, algunas veces salvables, otras insalvables.
De cualquier manera es un año más de vida y ya eso es bastante. Además, como casi siempre, tengo que reconocer lo especiales que son mi hijo Orielito y mi hija-sobrina Grétel. Ellos son como el Sol de cada día, ese que nos alumbra y nos ayuda a seguir adelante.
Mi madre, que no sabe quién soy, me besa y me quiere, ah, me llama cuando algo necesita, como mismo hace con mi hermano. Eso también me reconforta porque quiere decir que nos tiene en su cerebro como las personas que la quieren y ayudan.
Por esas mismas razones este año que casi acaba no deja en mí tantos buenos recuerdos como otros y sí una nostalgia propia del que ha sufrido un poco, pero no por ello voy a pasar por alto la obligación —porque así lo veo— de felicitar con mil amores a quienes entren en mi blog por estos días y desearles felices Navidad, Fin de Año y un Año Nuevo Próspero, frase acuñada desde hace tanto y que aún sigue vigente.

jueves, 18 de abril de 2013

Para mi familia




A la llegada de estos días de Noche Buena, Navidad, Fin de Año y Nuevo Año pocos escapamos del recuento. Quizás, algunos lo hacen solo alrededor del año que termina, y otros, como yo, no pueden abstraerse a los recuerdos de tantos y tantos, que unas veces me alegran y otras me entristecen.

Como mi familia materna y paterna vivían en la misma cuadra de ese reparto que tanto quiero de mi Camagüey, donde me crié y que es La Vigía, no pasábamos trabajo alguno para los encuentros de rutina, mucho menos esos que se relacionan con estas fechas.Mi hermano y yo íbamos de una casa a la otra; a la de mis abuelos paternos: la de Doña Celia y Don Pedro, así les decían. Tuvieron ocho hijos, de lo cuales conocí a siete teniendo a mi padre en cuenta. Sabía de Enrique por fotos, ese que mi padre adoró siempre, y que un accidente dejó a Enriquito y a Javier sin padre y a nosotros los muchos sobrinos sin ese tío.

 Aquí agrego ahora algo que nunca debió faltar: el orgullo que sentimos todos, los de la familia, de contar con ese Don Pedro Vilató Arteaga, que peleó en la Guerra de 1895 con apenas 14 años, a él, a mi abuelo, el beso con el respeto de siempre, como dicen muchos: "donde quiera que esté".

Recuerdo aquel lechón asado en medio del patio interior, a lo largo de una mesa y a todos contentos. Yo, como mi papá con ese gusto de compartir, pero segura de que el puerco más sabroso era el que no sabía a puerco, porque preferíamos el pollo. Mi madre y mi hermano sí comían el pellejito, la carne y al otro día disfrutaban de la montería, a mí eso no me pasaba ni por la mente, nunca me llamó la atención. Sucedía todo en la calle Joaquín de Agüero entre Julio Sanguily y Gonzalo de Quesada.

En la misma esquina de Julio Sanguily y Joaquín de Agüero ocurría otro tanto. Era la familia de mi madre. Allí estaban Raca (Raquel) y Emi (Emilio), los tíos que criaron a mi mamá desde que era una niña. Fueron verdaderos abuelos para mí y para mi hermano. También convivían con ellos la Nena (Raquel), su hija y mi madrina, una segunda madre para mí y para mi hermano, su esposo Andrés, su suegra Fita (Rafaela) y sus dos hijos, esos que eran como nuestros hermanitos más pequeños: Raquel María y Justo Andrés (Justico).

Pero como dice la canción: El Tiempo pasa… la vida va cambiando. Siempre no fueron tan así los días navideños. Hubo algunos que pasamos separados porque las escuelas nos trasladaban hacia el campo, lo mismo a recoger tomates que a hacer de todo en la caña, menos cortarla, por supuesto, y sin luz eléctrica y otras comodidades la pasábamos entre amigos y amigas. Nos hacían una comida especial, y lo confieso, extrañaba y a la vez me divertía, ¡qué no logra la juventud! Luego, al pasar los años supe que mis padres no conseguían pasarla bien sin nosotros y hasta sus lagrimitas echaban.

Ahora la vida cambió. Seres de los más queridos ya no están para siempre, otros se decidieron por otros caminos. De todas maneras aquí me queda una parte de mí muy importante: en primer lugar mi hijo Orielito y Grétel mi sobrina-hija que son la razón de mi vida, ella con un retoño de dos años ya con su papá Michelo. Mi madre, que aunque no sabe bien quiénes somos, nosotros sí sabemos quién es ella y cómo fue con todos. Oriel, mi esposo, que al decir de mi padre: “mejor no lo quiero conocer” y Fefi, mi hermano, ese que me nombró Cuqui para siempre y él mismo se endosó el Fefi, con quien cuento para todo y como él mismo dice no le doy un sí por complacencia porque la sinceridad, nuestra sinceridad, para mí es tan vital como la vida misma. Él, con una prole de cuatro hembras y un varón.

Tengo la dicha de poder contar con la familia de mi marido y con la de María del Carmen, la esposa de mi hermano. Eso no todo el mundo puede decirlo y que sea una verdad como la mía.

Es por eso que aún así, con todos los que me faltan para ser feliz, me acojo a las esperadas vacaciones para estas fechas. Me mantengo en casa, me visitan y visito, me llaman por teléfono y llamo a otros. Nunca paso los días como aquellos, pero soy feliz, los disfruto a mi modo y siempre deseándole la mayor felicidad del mundo y con mucha salud a quienes me rodean, a quienes me quieren y hasta a quienes no me quieren tanto, y ahora agrego a los lectores de mi blog que se han sumado a esta linda familia, para mí la mejor porque es la mía. Por eso hoy actualicé a CuquiSalud.blogia.com con varios temas y este que les dedico.

¡Felicidades a todos y que el 2012 sea mejor! Los quiero.