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jueves, 18 de abril de 2013

Amor de otro tiempo, no importa, amor igual


Cualquiera, hasta el más sedado, recibe encima un cubo de agua sucia y reacciona, mas eso 
no sucedió así hace más de 60 años. Rafael Ángel y Olga Emilia vivían cerca, muy cerca. Él, 20 años mayor, con una bonita apariencia y una elegancia muy suya a la hora de vestir le cambió en segundos.

Iba por la calle Joaquín de Agüero, del reparto La Vigía, donde vivían ambos. Él, impecable, como siempre, dirigía sus pasos hacia un almuerzo. Al menos así lo contaba. Ella, muy blanca, pelo negro, delgadita y con par de ojos como cuentas de esmeraldas en su faena de limpieza, lanzó el agua sucia sin mirar y lo bañó, así de fácil, lo volvió una sopa de no sé qué.

Para mi familia




A la llegada de estos días de Noche Buena, Navidad, Fin de Año y Nuevo Año pocos escapamos del recuento. Quizás, algunos lo hacen solo alrededor del año que termina, y otros, como yo, no pueden abstraerse a los recuerdos de tantos y tantos, que unas veces me alegran y otras me entristecen.

Como mi familia materna y paterna vivían en la misma cuadra de ese reparto que tanto quiero de mi Camagüey, donde me crié y que es La Vigía, no pasábamos trabajo alguno para los encuentros de rutina, mucho menos esos que se relacionan con estas fechas.Mi hermano y yo íbamos de una casa a la otra; a la de mis abuelos paternos: la de Doña Celia y Don Pedro, así les decían. Tuvieron ocho hijos, de lo cuales conocí a siete teniendo a mi padre en cuenta. Sabía de Enrique por fotos, ese que mi padre adoró siempre, y que un accidente dejó a Enriquito y a Javier sin padre y a nosotros los muchos sobrinos sin ese tío.

 Aquí agrego ahora algo que nunca debió faltar: el orgullo que sentimos todos, los de la familia, de contar con ese Don Pedro Vilató Arteaga, que peleó en la Guerra de 1895 con apenas 14 años, a él, a mi abuelo, el beso con el respeto de siempre, como dicen muchos: "donde quiera que esté".

Recuerdo aquel lechón asado en medio del patio interior, a lo largo de una mesa y a todos contentos. Yo, como mi papá con ese gusto de compartir, pero segura de que el puerco más sabroso era el que no sabía a puerco, porque preferíamos el pollo. Mi madre y mi hermano sí comían el pellejito, la carne y al otro día disfrutaban de la montería, a mí eso no me pasaba ni por la mente, nunca me llamó la atención. Sucedía todo en la calle Joaquín de Agüero entre Julio Sanguily y Gonzalo de Quesada.

En la misma esquina de Julio Sanguily y Joaquín de Agüero ocurría otro tanto. Era la familia de mi madre. Allí estaban Raca (Raquel) y Emi (Emilio), los tíos que criaron a mi mamá desde que era una niña. Fueron verdaderos abuelos para mí y para mi hermano. También convivían con ellos la Nena (Raquel), su hija y mi madrina, una segunda madre para mí y para mi hermano, su esposo Andrés, su suegra Fita (Rafaela) y sus dos hijos, esos que eran como nuestros hermanitos más pequeños: Raquel María y Justo Andrés (Justico).

Pero como dice la canción: El Tiempo pasa… la vida va cambiando. Siempre no fueron tan así los días navideños. Hubo algunos que pasamos separados porque las escuelas nos trasladaban hacia el campo, lo mismo a recoger tomates que a hacer de todo en la caña, menos cortarla, por supuesto, y sin luz eléctrica y otras comodidades la pasábamos entre amigos y amigas. Nos hacían una comida especial, y lo confieso, extrañaba y a la vez me divertía, ¡qué no logra la juventud! Luego, al pasar los años supe que mis padres no conseguían pasarla bien sin nosotros y hasta sus lagrimitas echaban.

Ahora la vida cambió. Seres de los más queridos ya no están para siempre, otros se decidieron por otros caminos. De todas maneras aquí me queda una parte de mí muy importante: en primer lugar mi hijo Orielito y Grétel mi sobrina-hija que son la razón de mi vida, ella con un retoño de dos años ya con su papá Michelo. Mi madre, que aunque no sabe bien quiénes somos, nosotros sí sabemos quién es ella y cómo fue con todos. Oriel, mi esposo, que al decir de mi padre: “mejor no lo quiero conocer” y Fefi, mi hermano, ese que me nombró Cuqui para siempre y él mismo se endosó el Fefi, con quien cuento para todo y como él mismo dice no le doy un sí por complacencia porque la sinceridad, nuestra sinceridad, para mí es tan vital como la vida misma. Él, con una prole de cuatro hembras y un varón.

Tengo la dicha de poder contar con la familia de mi marido y con la de María del Carmen, la esposa de mi hermano. Eso no todo el mundo puede decirlo y que sea una verdad como la mía.

Es por eso que aún así, con todos los que me faltan para ser feliz, me acojo a las esperadas vacaciones para estas fechas. Me mantengo en casa, me visitan y visito, me llaman por teléfono y llamo a otros. Nunca paso los días como aquellos, pero soy feliz, los disfruto a mi modo y siempre deseándole la mayor felicidad del mundo y con mucha salud a quienes me rodean, a quienes me quieren y hasta a quienes no me quieren tanto, y ahora agrego a los lectores de mi blog que se han sumado a esta linda familia, para mí la mejor porque es la mía. Por eso hoy actualicé a CuquiSalud.blogia.com con varios temas y este que les dedico.

¡Felicidades a todos y que el 2012 sea mejor! Los quiero.

Once meses de mi bebé amamantado




Gretel, mi hija-sobri, y su bebé Danielito.


Cuando escucho que una embarazada trae un feto valioso, así le llaman por ser esta una mujer con una fertilidad baja, por su edad o abortar de manera espontánea en otras ocasiones, me pregunto: ¿Qué feto no será valioso? La respuesta que encuentro siempre es la misma, para mí no hay uno solo que no lo sea.

Después que la pareja decide concebir su hijo la mayoría de los hechos rondan alrededor del propósito; luego, del cuidado del embarazo y de una preparación psicológica que trae beneficios inestimables: amamantar al bebé.

Estoy de vuelta

Por lo general no acostumbro a mezclar los asuntos personales con los del trabajo. Esta es la segunda vez que lo hago, por las prerrogativas que me ofrece esta, mi página, y que disfruto de una manera muy especial, tanto, que más bien es un hobby y no lo que escribí ahorita, trabajo.

Mi ausencia en cuquisalud por tantos días se debió a ciertas investigaciones médicas y es esa precisamente la coincidencia con el tema que abordo en mis exposiciones y que no quise desperdiciar porque no es lo mismo oír las cosas que vivirlas.