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jueves, 27 de julio de 2017

Recuerdos, recuerdos, recuerdos...


                             En la foto, los padres de esta pequeña historia: los míos...


Dos niños camagüeyanos salían a menudo con sus padres. Comían en algún restaurant citadino. Los más frecuentados: el del otrora Círculo de Profesionales y el del Gran Hotel. Luego la cita era en el cine y a caminar hasta La Vigía…”Había que bajar la comida”, esa era una frase muy repetida del papá.
Ella, la mamá, decía: “Caminen sin mirar adentro de las casas, eso es mala educación”.
En otros horarios salían y ella puntualizaba: “Llegaremos a casa de…, si preguntan, ya almorzaron y den las gracias”.
Más de una vez el papá caminó desde el centro de la ciudad hasta la casa con un papel estrujado en sus manos, no había dónde echarlo: “Nunca boten los papeles en las calles, nunca lo hagan”, reiteraba.

Los cuatro asistían a los conciertos de la Orquesta Sinfónica, a las funciones del Ballet…, siempre con una entrada que decía algo así como: Amigos de la Música. Fue una idea de Gustavo Sed Nieves y que el padre abrazó siempre. En esos casos se deleitaban todos, con la advertencia: “Aquí venimos a disfrutar, no a hablar, ni a ponerse de pie”.
La niña, ya más una muchacha, llegó a la casa feliz y le dijo a la madre: “Mima, hoy me celebraron el pelo”; ella, muy veloz dijo: “¿Sí?, pero tienes que saber algo, hay muchas que lo tienen más bonito”. La dejó pensando…
La mamá, le “cortaba las alas” a la hija de vez en cuando: “A esa fiesta no vas, no eres arroz blanco”. La dejaba incómoda.
Ambos, el padre y la madre, coincidían en muchas cosas como en que: “Los problemas de la casa se resuelven de la puerta hacia adentro”.
También en aquello de: “Los padres somos los mejores amigos de ustedes, siempre los ayudaremos, en lo que sea”.
Sobre todo el padre decía: “Con la razón y decencia, nunca se queden callados, aprendan a defender sus derechos”.
Pasados los años digo ahora. Esos padres eran los míos, esos hijos: mi hermano y yo. Quizás entonces no estuvimos de acuerdo en todo con ellos. Hoy el sentimiento es otro. Agradecemos sus enseñanzas. ¡Cuánta sabiduría!, ¡Cuánta educación!
Son recuerdos, recuerdos, recuerdos..., y también realidades, realidades, realidades…

domingo, 25 de diciembre de 2016

¿Me conformo?


Me conformo con la familia de la que provengo y de la creada luego.
Me conformo con recibir de mi hijo solo un poco de todo lo que le quiero.
Me conformo con el camino elegido por familiares y amig@s.
Me conformo con l@s amig@s que mantengo estén donde estén, piensen como piensen, si prima el respeto.
Me conformo al darme cuenta que sirvo a alguien aunque este luego no lo recuerde.
Me conformo si ese alguien aparte de no recordarlo, después quiere dañarme.
Me conformo si ese alguien regresa y me pide ayuda de nuevo.
Me conformo si dejo de saber de personas queridas porque han olvidado mi presencia en sus vidas.
Me conformo si quienes me rodean no reconocen mis esfuerzos.
Me conformo si en los días que corren alguien prescinde de escribirme un sencillo mensaje.
Me conformo si sé que un (a) amig@ llama a otr@ porque para localizarme olvidó mi teléfono.
Me conformo con mis errores porque de ellos obtengo experiencias.
Me conformo con mis aciertos porque de ellos vivo.

No me conformo
No me conformo si paso por alto un día sin decirle a mi hijo todo lo que le quiero.
No me conformo con las pérdidas físicas de mi familia que amo.
No me conformo si algún amig@ me falta el respeto.
No me conformo si a aquel que olvidó mis favores le negara luego otro pedido.
No me conformo cuando no olvido a ese que trató de dañarme.
No me conformo si ese que se mantuvo alejado, regresa y lo ignoro.
No me conformo si no perdono a quien no reconoce mis esfuerzos.
No me conformo si quien reinicia sus mensajes no recibe mi respuesta.
No me conformo si a es@ amig@ olvidadiz@ me llama y no le respondo.
No me conformo si recuerdo mis errores y trato de justificarlos.
No me conformo con vivir solo de mis aciertos.
Me conformo, en mucho, con vivir un poco más aunque me equivoque.
No me conformo, en mucho, si no quiero vivir más por el temor a no acertar de nuevo.

viernes, 8 de julio de 2016

Uno de los sustos de mi abuela Celia


                                                                 Imagen: Tomada de guiainfantil.com

Razón tuvo Félix Varela cuando expresó: “Si conducimos a un niño por los pasos que la naturaleza indica, veremos que sus primeras ideas no son numerosas; pero sí tan exactas como las del filósofo más profundo. Hablemos en el lenguaje de los niños, y ellos nos entenderán”. Al encontrarme con esto, por azar, recordé lo que hoy comparto.
Me contaba mi padre que su hermano René, a quien le decíamos Nené, nació en marzo de 1918, ahora no recuerdo el día exacto, y mi tía Celita, el 19 de mayo de 1919, ella tiene unos lindos 97 años. Le decían la niña porque de ocho hermanos, hasta su nacimiento ya eran cuatro varones y ella era la única hembrita.
Vivían entonces en el reparto La Zambrana, de la ciudad de Camagüey, y entre las tantas historias de una familia, muy bonita para mi gusto, les cuento esta.
Celita permanecía en su cuna, era muy pequeñina, y mi abuela le encomendó una tarea a mi tío Nené: “Ve y dale una vuelta a la niña”.
Él partió raudo y veloz, creo que hasta se sintió importante, tan pequeñito, casi igual que su hermanita, había recibido una orden vital.
Fue hasta el cuarto, estuvo un ratico junto a Celita y al parecer nada especial ocurría, pero para sorpresa de mi abuela Nené regresó y le dijo muy preocupado: “Mamá, la niña tá jeringá”.
MI abuela corrió a ver a su hija, quién sabe todo lo que pensó durante minutos, quizá segundos hasta llegar al cuarto, en efecto, mi tío había cumplido al pie de la letra; se encaramó como pudo, pues no alcanzaba hasta su hermanita, la cogió y le dio la vuelta, así literalmente, y luego no pudo enderezarla, estaba hecha un rollito, en una palabra: jeringá.

sábado, 20 de abril de 2013

En un lugar “equis”




        Mis tíos René (Nené), Héctor (Bebo), Celita (la única que vive —93 años—), mi padre el día de sus 80, Laura y Julio.

Hoy 1ro. de marzo se va a reunir una buena parte de mi familia. Por razones geográficas yo no celebraré junto a ellos. Sé que estarán bien y que las añoranzas se juntarán cuando los recuerdos comiencen a florecer.

Mi abuelo —paterno— Pedro, cumplía años el 1ro. de marzo, imagino no lo hayan olvidado. Yo, particularmente, no lo paso por alto porque él abría el mes con su cumple y yo lo cerraba con el mío, y para más, mi hijo nació el mismo 31 de marzo, como siempre digo: mi mejor regalo.

jueves, 18 de abril de 2013

Para mi familia




A la llegada de estos días de Noche Buena, Navidad, Fin de Año y Nuevo Año pocos escapamos del recuento. Quizás, algunos lo hacen solo alrededor del año que termina, y otros, como yo, no pueden abstraerse a los recuerdos de tantos y tantos, que unas veces me alegran y otras me entristecen.

Como mi familia materna y paterna vivían en la misma cuadra de ese reparto que tanto quiero de mi Camagüey, donde me crié y que es La Vigía, no pasábamos trabajo alguno para los encuentros de rutina, mucho menos esos que se relacionan con estas fechas.Mi hermano y yo íbamos de una casa a la otra; a la de mis abuelos paternos: la de Doña Celia y Don Pedro, así les decían. Tuvieron ocho hijos, de lo cuales conocí a siete teniendo a mi padre en cuenta. Sabía de Enrique por fotos, ese que mi padre adoró siempre, y que un accidente dejó a Enriquito y a Javier sin padre y a nosotros los muchos sobrinos sin ese tío.

 Aquí agrego ahora algo que nunca debió faltar: el orgullo que sentimos todos, los de la familia, de contar con ese Don Pedro Vilató Arteaga, que peleó en la Guerra de 1895 con apenas 14 años, a él, a mi abuelo, el beso con el respeto de siempre, como dicen muchos: "donde quiera que esté".

Recuerdo aquel lechón asado en medio del patio interior, a lo largo de una mesa y a todos contentos. Yo, como mi papá con ese gusto de compartir, pero segura de que el puerco más sabroso era el que no sabía a puerco, porque preferíamos el pollo. Mi madre y mi hermano sí comían el pellejito, la carne y al otro día disfrutaban de la montería, a mí eso no me pasaba ni por la mente, nunca me llamó la atención. Sucedía todo en la calle Joaquín de Agüero entre Julio Sanguily y Gonzalo de Quesada.

En la misma esquina de Julio Sanguily y Joaquín de Agüero ocurría otro tanto. Era la familia de mi madre. Allí estaban Raca (Raquel) y Emi (Emilio), los tíos que criaron a mi mamá desde que era una niña. Fueron verdaderos abuelos para mí y para mi hermano. También convivían con ellos la Nena (Raquel), su hija y mi madrina, una segunda madre para mí y para mi hermano, su esposo Andrés, su suegra Fita (Rafaela) y sus dos hijos, esos que eran como nuestros hermanitos más pequeños: Raquel María y Justo Andrés (Justico).

Pero como dice la canción: El Tiempo pasa… la vida va cambiando. Siempre no fueron tan así los días navideños. Hubo algunos que pasamos separados porque las escuelas nos trasladaban hacia el campo, lo mismo a recoger tomates que a hacer de todo en la caña, menos cortarla, por supuesto, y sin luz eléctrica y otras comodidades la pasábamos entre amigos y amigas. Nos hacían una comida especial, y lo confieso, extrañaba y a la vez me divertía, ¡qué no logra la juventud! Luego, al pasar los años supe que mis padres no conseguían pasarla bien sin nosotros y hasta sus lagrimitas echaban.

Ahora la vida cambió. Seres de los más queridos ya no están para siempre, otros se decidieron por otros caminos. De todas maneras aquí me queda una parte de mí muy importante: en primer lugar mi hijo Orielito y Grétel mi sobrina-hija que son la razón de mi vida, ella con un retoño de dos años ya con su papá Michelo. Mi madre, que aunque no sabe bien quiénes somos, nosotros sí sabemos quién es ella y cómo fue con todos. Oriel, mi esposo, que al decir de mi padre: “mejor no lo quiero conocer” y Fefi, mi hermano, ese que me nombró Cuqui para siempre y él mismo se endosó el Fefi, con quien cuento para todo y como él mismo dice no le doy un sí por complacencia porque la sinceridad, nuestra sinceridad, para mí es tan vital como la vida misma. Él, con una prole de cuatro hembras y un varón.

Tengo la dicha de poder contar con la familia de mi marido y con la de María del Carmen, la esposa de mi hermano. Eso no todo el mundo puede decirlo y que sea una verdad como la mía.

Es por eso que aún así, con todos los que me faltan para ser feliz, me acojo a las esperadas vacaciones para estas fechas. Me mantengo en casa, me visitan y visito, me llaman por teléfono y llamo a otros. Nunca paso los días como aquellos, pero soy feliz, los disfruto a mi modo y siempre deseándole la mayor felicidad del mundo y con mucha salud a quienes me rodean, a quienes me quieren y hasta a quienes no me quieren tanto, y ahora agrego a los lectores de mi blog que se han sumado a esta linda familia, para mí la mejor porque es la mía. Por eso hoy actualicé a CuquiSalud.blogia.com con varios temas y este que les dedico.

¡Felicidades a todos y que el 2012 sea mejor! Los quiero.