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miércoles, 31 de marzo de 2021

Y pensamos juntos…


 

Tener un hijo o querer tenerlo fue una obsesión durante algunos años y quienes me conocen lo saben. Pensaba hasta cómo iba a ser y créanme, como lo tengo lo soñé.

También me decía: ‘hembra o varón lo querré igual’; sin embargo, es cierto que prefería un varoncito. Lo que sí no imaginé fue traerlo al mundo el mismo día de mi cumple y casi a la misma hora, algo que ya he contado otras veces.

Orielito, llegó justo el día que cumplí los 35, casi cuando se me acababa la cuerda de los años para concebirlo y parirlo. Demoró, mas logré mi premio, mi razón. Ese premio que sin yo ser masoquista me hizo sentir los dolores más gustosos de mi vida, ese premio que hoy es quien manda, ese premio que hoy decide más que yo, ese premio que está atento y al tanto como lo estoy yo de él desde que era apenas una semillita en mi vientre.

De todas maneras yo sigo pendiente, y a veces hasta me creo que sigue siendo un niño y entonces es él quien me trae de vuelta a la realidad y me dice: “Mamá, mira por donde caminas, no te entretengas, no mires las nubes…, tienes que alimentarte”, me doy cuenta de que él es quien ordena, más en estos tiempos que nos ha traído la “segunda oleada de cumpleaños en pandemia”, pues determina igual qué puedo hacer y qué no y nos pasamos días sin darnos un beso ni abrazarnos porque viene de la calle y se siente responsable.

Cuando vivo estas realidades me doy cuenta de que creció, igual cuando compruebo que ama a Raquelita, esa nuera que me dio la vida y lo veo comportarse amoroso y respetuoso como todo un señor comprometido.

Orielito y yo hacemos un buen dúo, nos amamos a mares, pensamos igual y pensamos diferente, pero pensamos juntos…



















 





 


 

 

 

 
 

 





















jueves, 27 de julio de 2017

Recuerdos, recuerdos, recuerdos...


                             En la foto, los padres de esta pequeña historia: los míos...


Dos niños camagüeyanos salían a menudo con sus padres. Comían en algún restaurant citadino. Los más frecuentados: el del otrora Círculo de Profesionales y el del Gran Hotel. Luego la cita era en el cine y a caminar hasta La Vigía…”Había que bajar la comida”, esa era una frase muy repetida del papá.
Ella, la mamá, decía: “Caminen sin mirar adentro de las casas, eso es mala educación”.
En otros horarios salían y ella puntualizaba: “Llegaremos a casa de…, si preguntan, ya almorzaron y den las gracias”.
Más de una vez el papá caminó desde el centro de la ciudad hasta la casa con un papel estrujado en sus manos, no había dónde echarlo: “Nunca boten los papeles en las calles, nunca lo hagan”, reiteraba.

Los cuatro asistían a los conciertos de la Orquesta Sinfónica, a las funciones del Ballet…, siempre con una entrada que decía algo así como: Amigos de la Música. Fue una idea de Gustavo Sed Nieves y que el padre abrazó siempre. En esos casos se deleitaban todos, con la advertencia: “Aquí venimos a disfrutar, no a hablar, ni a ponerse de pie”.
La niña, ya más una muchacha, llegó a la casa feliz y le dijo a la madre: “Mima, hoy me celebraron el pelo”; ella, muy veloz dijo: “¿Sí?, pero tienes que saber algo, hay muchas que lo tienen más bonito”. La dejó pensando…
La mamá, le “cortaba las alas” a la hija de vez en cuando: “A esa fiesta no vas, no eres arroz blanco”. La dejaba incómoda.
Ambos, el padre y la madre, coincidían en muchas cosas como en que: “Los problemas de la casa se resuelven de la puerta hacia adentro”.
También en aquello de: “Los padres somos los mejores amigos de ustedes, siempre los ayudaremos, en lo que sea”.
Sobre todo el padre decía: “Con la razón y decencia, nunca se queden callados, aprendan a defender sus derechos”.
Pasados los años digo ahora. Esos padres eran los míos, esos hijos: mi hermano y yo. Quizás entonces no estuvimos de acuerdo en todo con ellos. Hoy el sentimiento es otro. Agradecemos sus enseñanzas. ¡Cuánta sabiduría!, ¡Cuánta educación!
Son recuerdos, recuerdos, recuerdos..., y también realidades, realidades, realidades…

domingo, 21 de julio de 2013

Sencillamente Fefi




Con esa cara de angelito el día de su Primera Comunión. 

He dado varias vueltas a esto de ponerle título al post. Me pareció que la palabra hermano quedaba insuficiente ante la de Fefi.
Como conozco algunos que lo son de sangre y se llevan tan mal o no mantienen relación alguna y otros que no lo son y por simple rutina se llaman hermano o brother, fue que decidí referirme así a este Arcángel —su segundo nombre— y Rafael —el primero por nuestro padre—.
En otro escrito conté que él me endosó el Cuqui y él mismo el Fefi. Éramos muy pequeñines ambos.
Como no hay un Día Mundial del Hermano, algo que creo injusto totalmente, escogí este, uno cualquiera, para escribir acerca de alguien tan especial para mí.

sábado, 20 de abril de 2013

Pipo: evocación por tu cumple 105


“El día de mi cumpleaños 80 se celebró de sorpresa en casa de mi hermana Laura, estaban todos mis hermanos y casi todos mis sobrinos. La verdad, me emocioné, pues al llegar  comenzaron a besarme y a abrazarme, ¡fue algo inolvidable!” Así escribió mi padre en sus memorias acerca de este suceso que recoge esta foto junto a Mima, su esposa y mi madre.

Hoy 24 de octubre cumples 105 años. Aunque digo cumples y aseguro te siento conmigo, te fuiste de este mundo con 97 años de edad, pero con la satisfacción de que supiste que te amábamos, lo mismo tu familia de origen que la creada por ti después. Tuviste esa suerte.

Te cuento que tus hijos sí leímos tus memorias en las que decías no tener la seguridad de que lo hiciéramos, me pregunto ¿por qué?, ¿acaso creíste no nos importarían?, lo dudo. Al leerlas, algunas cosillas me hicieron reír, otras me hicieron llorar; unas ya las sabía y otras no, mas en todos los casos me hicieron feliz porque tú lo fuiste en tu niñez, adolescencia, juventud y adultez y en eso tuvimos que ver muchos.

Mi madre es adulta mayor y no lo sabe


Esos ojos con sus 85 años encima eran la delicia de mis amigas y amigos, y hasta de uno que otro de la familia. Yo quería tenerlos como ella.

Como he dicho en otras ocasiones mi padre le llevaba a mi madre 20 años. Aunque él gozaba de una muy buena salud, ella se dedicó en cuerpo y alma a cuidarlo hasta su último día. Cuando permanecía sentado ella le subía y le bajaba los pies a ratos, le suministraba los alimentos a su hora, le daba agua, en fin…

jueves, 18 de abril de 2013

Mi Madre y mi Hijo


      En la foto, mi mamá con cuatro de sus seis nietos, el día de su cumpleaños 80.

Si me preguntaran, ¿Qué carrera falta en todas las universidades del Mundo?, respondería sin titubeos: la de ¿Cómo ser Madre?

Quienes apostamos por serlo, la mayoría de las mujeres, nos enfrentamos al mayor reto de nuestras vidas. Un reto del día a día. No solo en el período de la concepción y parto (que no es nada fácil), al menos no lo fue para mí, sino la crianza, esa es la más difícil y no termina nunca. Desde que una concibe esa criaturita en el vientre comienzan las incertidumbres: ¿Cómo vendrá?, Al nacer, entonces comenzamos con aquello de: ¿Por qué llorará, qué le dolerá?, hasta que la compenetración se establece de tal manera que de mirarnos ya sabemos por dónde andamos.