Dos niños camagüeyanos salían a menudo con sus padres. Comían en algún restaurant citadino. Los más frecuentados: el del otrora Círculo de Profesionales y el del Gran Hotel. Luego la cita era en el cine y a caminar hasta La Vigía…”Había que bajar la comida”, esa era una frase muy repetida del papá.
Ella, la mamá, decía: “Caminen sin mirar
adentro de las casas, eso es mala educación”.
En otros horarios salían y ella puntualizaba:
“Llegaremos a casa de…, si preguntan, ya almorzaron y den las gracias”.
Más de una vez el papá caminó desde el centro
de la ciudad hasta la casa con un papel estrujado en sus manos, no había dónde echarlo:
“Nunca boten los papeles en las calles, nunca lo hagan”, reiteraba.
Los cuatro asistían a los conciertos de la
Orquesta Sinfónica, a las funciones del Ballet…, siempre con una entrada que
decía algo así como: Amigos de la Música.
Fue una idea de Gustavo Sed Nieves y que el padre abrazó siempre. En esos casos se
deleitaban todos, con la advertencia: “Aquí venimos a disfrutar, no a hablar,
ni a ponerse de pie”.
La niña, ya más una muchacha, llegó a la casa
feliz y le dijo a la madre: “Mima, hoy me celebraron el pelo”; ella, muy veloz
dijo: “¿Sí?, pero tienes que saber algo, hay muchas que lo tienen más bonito”.
La dejó pensando…
La mamá, le “cortaba las alas” a la hija de
vez en cuando: “A esa fiesta no vas, no eres arroz blanco”. La dejaba incómoda.
Ambos, el padre y la madre, coincidían en
muchas cosas como en que: “Los problemas de la casa se resuelven de la puerta
hacia adentro”.
También en aquello de: “Los padres somos los
mejores amigos de ustedes, siempre los ayudaremos, en lo que sea”.
Sobre todo el padre decía: “Con la razón y
decencia, nunca se queden callados, aprendan a defender sus derechos”.
Pasados los años digo ahora. Esos padres eran
los míos, esos hijos: mi hermano y yo. Quizás entonces no estuvimos de acuerdo
en todo con ellos. Hoy el sentimiento es otro. Agradecemos sus enseñanzas. ¡Cuánta
sabiduría!, ¡Cuánta educación!
Son recuerdos, recuerdos, recuerdos..., y
también realidades, realidades, realidades…