martes, 1 de septiembre de 2015

La Vigía, ¿mi ciudad?



Foto/Orlando Durán Hernández
Hace unos meses atrás me propusieron la oportunidad de comparecer en un programa de la televisión local, específicamente relacionado con mi ciudad, esta, mi querida Camagüey, de Cuba. El director y realizador: Gustavo Pérez, para mí el de mayor trascendencia aquí y que por su impronta ha traspasado las fronteras, incluso, del país, con sus excelentes ofertas, fue el mayor responsable, el de la idea y a quien le agradezco su deferencia, algo que no sé si le dije en su momento.
Primero vino el nerviosismo. Llevo una vida entera en los medios de comunicación, pero las luces y cámaras no son mis fuertes, siento un friecito inevitable; luego, al pensar en mi ciudad, le daba vueltas al asunto y solo se me reflejaba el reparto de La Vigía, en imágenes y remembranzas, ese pedacito de mi Camagüey era mi prioridad.

Desde pequeñita viví en ese entorno y hasta los 18 años. Esa Vigía que amo tanto, si es que pedazos de calles, casas, escuelas, iglesia, todo tocable, mas sin vida humana, puede ser amado. Allí di mis primeros pasos —según me contaban— agarrada del pequeño rabito de la perra Rica que tanto quise de casa de la familia de mi madre. Viví en las calles Joaquín de Agüero, Artola y 25 de Julio, cambios que hacían mis padres por una alergia que me acompaña desde el día de mi nacimiento. De adulta, y por ciertas razones, regresé y pasé un tiempo en la calle de Julio Sanguily.
En esas calles residía la parte de mi familia más querida, tanto por vía materna como paterna, con una “tropa” de primos muy especiales. Aún mi hermano habita una de sus casas, por lo que nunca he dejado de visitarlas.
Mi primer colegio —María Auxiliadora— estaba en la Avenida de los Mártires y cuando cesaron las escuelas religiosas allí mismo continué mis estudios, en la otrora Domitila García de Coronado, la No. 15. En la misma acera, en la iglesia de San José fui bautizada, algo que no recuerdo por razones obvias, donde también realicé mi Primera Comunión, en fin, huellas que quedan al paso del tiempo.
Tuve una niñez feliz en esas cuadras anchas, donde jugábamos hembras y varones, dábamos paseítos (la vuelta a la manzana, por ejemplo) y acompañados por Ricardito, que tocaba la guitarra ofrecíamos serenatas sin contratos a la usanza de más que aficionados y nada afinados, en la casa que se nos antojara.
Llegó la época de la secundaria básica 26 de Julio, después la Ana Betancourt, a quien le dijimos siempre la Ana Josefa, también en el propio contexto. Tanto a pie como en bicicleta recorría La Vigía de una punta a la otra, con ciertas escapaditas al reparto Vista Hermosa, donde había como un puente de amistad entre nosotras y las de allá, que venían a vernos en patines, también escapaditas…
En ese reparto recibí los primeros piropos, según crecía, también, por qué no, las primeras confesiones de amor, verdaderas o no, ahora no importa.
Recuerdo a Yoly, Martha, Teresita, Zazo, Andrés, David, Carmen, Zoe, María Eugenia, Isabelita…,Arjona y Farro, estos que dejé para último no por falta de importancia sino porque ya no están entre nosotros, algo que dolió y mucho. Lo juro me acuerdo de todos. Incluso, de personajes muy peculiares como: Chafa, ese que desandaba el reparto descalzo y sin traer reloj le decía la hora exacta a quien se la preguntaba, y también a Genaro, con quien me tropiezo a veces y me saluda con afecto.
Al comenzar el Preuniversitario —el Pre del Casino— como le decíamos, cambiar la falda del uniforme por aquella de rayitas, aunque grises igual porque antes eran azules y creo más bonitas, mi vida dio un vuelco, ya mi ciudad empezó a agrandarse y se salió de los muros de La Vigía.
Aquí podría comenzar otra historia, con el añadido de que si volviera atrás sería mejor estudiante en esa época, cuando los profesores, todos, sin distinción, eran estelares. Fuimos bendecidos con esa gracia.
¿Qué dije a Gustavo le faltaba a mi ciudad?, sin dudas: el mar. Es algo que si lo tuviera fuera perfecta. Le falta esa dádiva insustituible, esa que cuando lo miramos hasta el infinito nos desestresa, cuando lo olemos nos transporta y cuando vemos y oímos el vaivén de las olas podemos olvidar tantas y tantas cosas o recordar tantos y tantos olvidos. Por suerte y gracias a un buen amigo, entro a su-mi Mar, lo leo y percibo en sus escritos muchas de estas “faltas”, incluso hasta un post que me dedicó y tanto le agradezco.
¿Qué olvidé decirle a Gustavo de mi Camagüey?, mi admiración hacia Gertrudis Gómez de Avellaneda, nuestra Tula, esa camagüeyana atrevida y valiente, a mi modo de ver, hasta para los días que corren.
Como ven, el título no es un dislate. Claro que La Vigía es un reparto, no una ciudad, pero para mí lo fue y por muchos años.

10 comentarios:


  1. Amiga... pues sí que con absoluta razón es y seguirá siendo tu ciudad aunque los límites territoriales terminen diciendo otra cosa. Entre tantas vivencias llenas de júbilo quedo perplejamente maravillado. Con tus palabras hasta me incitas a tomarme unas vacaciones y llegarme por allá. Para entonces no te preocupes… mato en lugar de uno tres pájaros de un mismo tiro. Aunque en realidad en lugar de matarles… quisiera conservarles de por vida. Conocer tu bella ciudad… llevarte bajo cualquier concepto un pedazo de mi mar… y desde luego, materializar estos abrazos que te mando vía digital. Me has sorprendido con tus palabras tan llenas vida y deseos de continuar viviéndola. Un millón de gracias por tan bello regalo… por contemplar esta mar tan nuestra como parte de esas “faltas”… por tan bella amistad… por llegar justo en el momento en que me urge leerte. Abrazos miles… que tengas muy buen día.

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    1. Uf!!!, amigo, sí que me tienes malacostumbrada, llegué y abrí a sabiendas que encontraría tus huellas. Me alegra que te gustara. Realmente fui muy feliz en ese reparto, no sé si logré reflejarlo tal cual, pero lo intenté.
      Ya sabes, aquí nos tienes para matar o hacer vivir a todos con un tiro. Cuando gustes conocer a mi ciudad, sin retórica manida y sí con sinceridad absoluta, encontrarás a una familia, y sí, con tu presencia traerás un pedacito de tu-mi Mar, estoy segura.
      También me alegra llegar en el momento oportuno, algo que tú logras igual, mis abrazos, también te deseo un lindo día

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  2. Hola Cuqui, como siempre que leo algo tuyo, lo encuentro expectacular!! haces una perfecta narrativa de "ése entorno" donde se desarrollaron tus primeros años de vida. Me gusto mucho y me hizo transportarme a mi también a mis primeros años que tambien fueron en la Vigia hasta que comencé en la 2daria Ana Josefa alla por el 59/60.
    Y como muy bien dices, lo único que la falta a Camagüey para ser perfecto, era el Mar... Un saludo en la distancia
    Teresita.

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    1. Hola Terina o Teresita, no sé cómo responderte, pero no importa, lo interesante es tu opinión, la que agradezco infinitamente; primero, por tus elogios; y luego, por dedicar un poquito de tu tiempo en comentar.
      También siento una sensación muy especial cuando llevo a las personas a lindos recuerdos, los que, pienso, forman una parte importante de nuestras vidas. Lo del Mar, qué le vamos a hacer, nos tocó lejos. Otro saludo para ti!!!

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  3. De Miriam Herrera.
    Cuqui amiga eres admirable en lo que escribes, dejan una enseñanza, y en especial como esta, que nos llenan de lindos recuerdos de nuestra infancia, que quizas los tenemos, no olvidados, pero si guardados a un lado ,pero hoy leyendo tus palabras me hiciste revivirlos, recordar nuestra escuela Maria Auxiliadora, despues Domitila garcia # 15, algunos profesores, compañeros y el barrio de la Vigia, tan querido e inolvidable....gracias amiga eres brillante y mereces, mi admiracion y respeto...Felicidades...un abrazo

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    1. Miriam, qué bien, por aquí de nuevo, ya te había extrañado.
      Por razones lógicas no menciono a todos, pero no los olvido, y a ti tampoco amiga.
      Agradezco tu lindo comentario, algunas cosas inmerecidas, pero igual sé que las dices con cariño y de corazón, un beso

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  4. Con la anuencia de esta amiga publico su comentario porque ella no consiguió hacerlo. Lo coipio textualmente:
    Tania Martin dijo: Qué puedo decirte de estas maravillosas líneas, para mí hablan de una vida, la tuya, la mía, la de amigos, nuestra hermosa juventud en esa querida Secundaria Básica Ana Josefa, tantos recuerdos compartidos, eres una hermosa mujer por dentro y por fuera, querida por muchos, especial para otros..nuestro Camaguey tiene mucha historia de valientes hombres y mujeres, grandes poetizas, Iglesias, etc, etc ..Es lógico que a veces preferimos recordar de lo que hemos vivido, yo no pertenecía a La Vigía pero, como me gustaba ! Claro que como dices es un Rpto. pero estoy segura como tú, que para muchos es "su ciudad" , recuerdo mucho de lo que dices y a muchos, compartí parte de mi vida (27 años) casada con Farro y quien siempre te quiso y respetó como a una hermana, me consta y, quiero agradecerte lo mencionaras en tu escrito asi como a nuestro amigo Arjona, ambos descansen en paz...de todo lo que cuentas me siento muy ligada a esos recuerdos y es un placer me hicieras llegar a mi página tu precioso escrito...Gracias Cuqui , siempre te quiero y te recuerdo con mucho cariño, déjame saber siempre de lo que escribes..un abrazo

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    1. Tania, amiga, y qué decirte yo. Realmente no pensé mover tantos sentimientos lindos, unos me han llegado por aquí, otros por Facebook, a todos les agradezco la gentileza de leerme y luego de comentar.
      A ti agradecerte tus elogios, no tan merecidos, ja ja ja, pero sé que los escribes con sinceridad.
      Sabes que Farro fue alguien muy especial para mí y mi hermano, igual que otros mencionados. Te cuento que mi madre confiaba con los ojos cerrados cuando yo salía con él, Zazo o Arjona. Nos queríamos como hermanos y así me cuidaban, a veces demasiado, ja ja ja. Eran muy celosos, esa es la verdad.
      Gracias mil de nuevo, y sabes te quiero y recuerdo siempre, otro abrazo para ti y un beso

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  5. Vaya que me llueven recuerdos de mi terruño, las calles donde corrí, jugué Suiza, a las escondidas, rompí los shorts en la caida rugosa del garage de los ferrocarriles junto a mis amigos y amigas, luegoya no tan niños mis estudios en la Ana Josefa donde escapabamos en grupos a la Calle Maceo.
    Linda .nuestra niñez en La Vigia. Gracias Cuqui por todos estos recuerdos. Un abrazo

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  6. Martha, qué bien, me encantó que entraras y comentaras. Sí, nuestro terruño no se olvida, pasamos una niñez y juventud como para ser recordada siempre. De manera general si entras a: cuquivilato.blogspot.com o sea, a la dirección de este blog Crónicas con un final no anunciado, puedes encontrar otras cositas, por ejemplo esto:
    http://bit.ly/1roVkkA que escribí de nuestra calle Maceo, esa a la que si faltábamos una tarde era como un sacrilegio.
    Te agradezco infinitamente tu comentario, la agradecida soy yo, un beso

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