viernes, 28 de abril de 2017

Gracias mil



Foto de Otilio Rivero Delgado.
Hace unos días me martillaba el cerebro. Pensé se había cometido una injusticia con mi hijo, de hecho lo fue, solo que ahora veo las cosas de otra manera.
Cuando Orielito, mi razón de vida, comenzó sus estudios de violín, primero de manera particular con solo 5 añitos, luego en la Escuela Vocacional de Arte Luis Casas Romero, de Camagüey, Cuba, con 7, fue como si se llevaran a un niño y trajeran a otro.
Decidió, él solito, cambiar sus juegos infantiles con sus amiguitos más cercanos
—Jorgito y  Miguel—, para adentrarse en otro mundo, el de las cuerdas. La hora de levantarse era tan temprana que pensé no lo resistiría, eso sí, comenzó a acostarse a su tiempo, ¿la llegada de la escuela?, nunca antes de las seis de la tarde.
Fueron años de mucho estudio. Debía llevar a la par el instrumento, las asignaturas propiamente de música y las de escolaridad, todo sin el menor descuido. Se lo exigían en el colegio y nosotros, sus padres, en casa.

lunes, 17 de abril de 2017

Domingo de Resurrección en Camagüey



Foto de Oriel Trujillo Prieto.
El 16 de abril, Domingo de Resurrección, salió de la Iglesia de la Catedral, por la calle Cisneros el cortejo con el Cristo resucitado, y se encontró en la Plaza de los Trabajadores o de La Merced con la Virgen de la Alegría. Allí se realizó el feliz saludo.
A partir del lunes 17 de abril, el Santo Sepulcro, la urna de la Virgen, la del Cristo resucitado, las de las vírgenes Dolorosa y de la Alegría, estarán en la Iglesia de Nuestra Señora de La Merced, para que el público pueda apreciarlos.
Los vídeos son muy aficionados, aun así espero los disfruten:





sábado, 15 de abril de 2017

Viernes Santo en Camagüey



Foto de Oriel Trujillo Prieto.
Dícese que Don Manuel Agüero y Ortega, con una parte de su fortuna que correspondía a un hijo suyo asesinado, encargó al orfebre mexicano Don Juan Benítez, la majestuosa obra del Santo Sepulcro de la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, en fecha tan lejana como 1762.
Ayer, Viernes Santos, camagüeyanos y visitantes se dieron cita en la Plaza de los Trabajadores o de Nuestra Señora de la Merced para acompañar a partir de las 8 de la noche, en procesión, a Jesucristo muerto en el SantoSepulcro y a su sufrida Madre.. El recorrido sucedió por la calle Cisneros hasta la Iglesia de La Catedral, adonde luego de quedar su Hijo, la Virgen regresa sola, en hombros de feligreses por las calles Luaces, Independencia e Ignacio Agramonte hasta la Iglesia de la Soledad.
El regreso de la Virgen sin su Hijo.  Foto: O.T.P.
Este hecho entrañable, religioso, histórico y cultural, encabezado por el arzobispo de Camagüey, Monseñor Wilfredo Pino Estévez, ocurre en partes del Centro Histórico de la ciudad, declarado por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 2009, contexto en el que te atesoran ocho de las iglesias católicas de esta demarcación, conocida también por: Ciudad de los Tinajones. Esto es solo una pincelada, más detalles puede encontrarlos en: adelante digital. Más adelante los vídeos:


viernes, 24 de febrero de 2017

Mi papá estuvo hoy aquí



De mis primeras fotos que me aventuré a publicar.
No tenía la menor idea de escribir para este, mi blog. Mi amanecer fue como otro cualquiera y no me dio por pensar ni en el día en que estábamos. Con los avatares cotidianos no alcancé a recordar absolutamente algo que me motivara a sentarme en la computadora.
Sin embargo, y como oímos con frecuencia hubo una señal que me removió el piso. Nuestra historia recoge al 24 de febrero de 1912 como el día en que fue develada la estatua ecuestre de El Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, ese patriota nacido en Puerto Príncipe, después Camagüey, querido por tantas y tantas generaciones, las que exhiben como uno de sus mayores orgullos el llamarse entre sus gentilicios: agramontinos.
Del Dr. Rafael Vilató Labrada, mi padre, escuché con extremada emoción cómo asistió a ese hecho trascendental. Lo llevó de su mano un soldado a las órdenes de mi abuelo. Me decía y consta en sus memorias: “Recuerdo a una señora sentada en una silla, estaba vestida de negro y lloraba, le pregunté al ordenanza: ¿por qué llora?, y él me respondió: ella es Amalia Simoni”.

domingo, 25 de diciembre de 2016

¿Me conformo?



Me conformo con la familia de la que provengo y de la creada luego.
Me conformo con recibir de mi hijo solo un poco de todo lo que le quiero.
Me conformo con el camino elegido por familiares y amig@s.
Me conformo con l@s amig@s que mantengo estén donde estén, piensen como piensen, si prima el respeto.
Me conformo al darme cuenta que sirvo a alguien aunque este luego no lo recuerde.
Me conformo si ese alguien aparte de no recordarlo, después quiere dañarme.
Me conformo si ese alguien regresa y me pide ayuda de nuevo.
Me conformo si dejo de saber de personas queridas porque han olvidado mi presencia en sus vidas.
Me conformo si quienes me rodean no reconocen mis esfuerzos.
Me conformo si en los días que corren alguien prescinde de escribirme un sencillo mensaje.
Me conformo si sé que un (a) amig@ llama a otr@ porque para localizarme olvidó mi teléfono.
Me conformo con mis errores porque de ellos obtengo experiencias.
Me conformo con mis aciertos porque de ellos vivo.

No me conformo
No me conformo si paso por alto un día sin decirle a mi hijo todo lo que le quiero.
No me conformo con las pérdidas físicas de mi familia que amo.
No me conformo si algún amig@ me falta el respeto.
No me conformo si a aquel que olvidó mis favores le negara luego otro pedido.
No me conformo cuando no olvido a ese que trató de dañarme.
No me conformo si ese que se mantuvo alejado, regresa y lo ignoro.
No me conformo si no perdono a quien no reconoce mis esfuerzos.
No me conformo si quien reinicia sus mensajes no recibe mi respuesta.
No me conformo si a es@ amig@ olvidadiz@ me llama y no le respondo.
No me conformo si recuerdo mis errores y trato de justificarlos.
No me conformo con vivir solo de mis aciertos.
Me conformo, en mucho, con vivir un poco más aunque me equivoque.
No me conformo, en mucho, si no quiero vivir más por el temor a no acertar de nuevo.