viernes, 24 de febrero de 2017

Mi papá estuvo hoy aquí



De las primeras fotos que me aventuré a publicar.
No tenía la menor idea de escribir para este, mi blog. Mi amanecer fue como otro cualquiera y no me dio por pensar ni en el día en que estábamos. Con los avatares cotidianos no alcancé a recordar absolutamente algo que me motivara a sentarme en la computadora.
Sin embargo, y como oímos con frecuencia hubo una señal que me removió el piso. Nuestra historia recoge al 24 de febrero de 1912 como el día en que fue develada la estatua ecuestre de El Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, ese patriota nacido en Puerto Príncipe, después Camagüey, querido por tantas y tantas generaciones, las que exhiben como uno de sus mayores orgullos el llamarse entre sus gentilicios: agramontinos.
Del Dr. Rafael Vilató Labrada, mi padre, escuché con extremada emoción cómo asistió a ese hecho trascendental. Lo llevó de su mano un soldado a las órdenes de mi abuelo. Me decía y consta en sus memorias: “Recuerdo a una señora sentada en una silla, estaba vestida de negro y lloraba, le pregunté al ordenanza: ¿por qué llora?, y él me respondió: ella es Amalia Simoni”.

domingo, 25 de diciembre de 2016

¿Me conformo?



Me conformo con la familia de la que provengo y de la creada luego.
Me conformo con recibir de mi hijo solo un poco de todo lo que le quiero.
Me conformo con el camino elegido por familiares y amig@s.
Me conformo con l@s amig@s que mantengo estén donde estén, piensen como piensen, si prima el respeto.
Me conformo al darme cuenta que sirvo a alguien aunque este luego no lo recuerde.
Me conformo si ese alguien aparte de no recordarlo, después quiere dañarme.
Me conformo si ese alguien regresa y me pide ayuda de nuevo.
Me conformo si dejo de saber de personas queridas porque han olvidado mi presencia en sus vidas.
Me conformo si quienes me rodean no reconocen mis esfuerzos.
Me conformo si en los días que corren alguien prescinde de escribirme un sencillo mensaje.
Me conformo si sé que un (a) amig@ llama a otr@ porque para localizarme olvidó mi teléfono.
Me conformo con mis errores porque de ellos obtengo experiencias.
Me conformo con mis aciertos porque de ellos vivo.

No me conformo
No me conformo si paso por alto un día sin decirle a mi hijo todo lo que le quiero.
No me conformo con las pérdidas físicas de mi familia que amo.
No me conformo si algún amig@ me falta el respeto.
No me conformo si a aquel que olvidó mis favores le negara luego otro pedido.
No me conformo cuando no olvido a ese que trató de dañarme.
No me conformo si ese que se mantuvo alejado, regresa y lo ignoro.
No me conformo si no perdono a quien no reconoce mis esfuerzos.
No me conformo si quien reinicia sus mensajes no recibe mi respuesta.
No me conformo si a es@ amig@ olvidadiz@ me llama y no le respondo.
No me conformo si recuerdo mis errores y trato de justificarlos.
No me conformo con vivir solo de mis aciertos.
Me conformo, en mucho, con vivir un poco más aunque me equivoque.
No me conformo, en mucho, si no quiero vivir más por el temor a no acertar de nuevo.

lunes, 10 de octubre de 2016

Coincidencias



Así lo recuerdo...
No creo haya buen día para morir. Menos si se trata de alguien especialmente querido. Nunca encuentro oportuna la llegada de La Parca, siempre me resulta intrusa e irrespetuosa. Hay personas que nunca deben morir y es por eso que hoy, 10 de octubre escribo sobre mi abuelo Pedro Vilató Arteaga, quien falleció este día de 1966. Yo tenía entonces 12 años.
En un día así, pero de 1868, el abogado y patriota Carlos Manuel de Céspedes (1819-1874) liberó a sus esclavos y alzó en armas a los cubanos para luchar contra los colonialistas españoles. Es considerado este el primer hecho fundacional de las Revoluciones de Liberación Nacional de Cuba.
Recoge la historia que pronunció la declaración de independencia conocida como Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba o Manifiesto del 10 de Octubre. Entonces, en el batey de La Demajagua, ante unos 500 asistentes, dijo: “Ciudadanos, ese sol que veis alzarse por la cumbre del Turquino viene a alumbrar el primer día de libertad e independencia de Cuba”. De esa manera comenzó esta primera guerra independentista con una duración de 10 años, con un perfil nacional-liberador, democrático y antiesclavista.

martes, 30 de agosto de 2016

¿Qué somos?



Imagen tomada de: http://narrativabreve.com
Todos hemos caído en la “trampa” de las nuevas tecnologías. Es lógico e inevitable. Unos, llamados nativos —sugieren que los jóvenes saben cómo utilizar la tecnología intuitivamente y por lo tanto no requieren de educación o formación digital—, algo que para algunos es verdadera falacia; y a otros, los denominan "inmigrantes digitales", imagine como si no fuera de mi país, y aquí lo que oigo es que nos señalan como dinosaurios. No sé qué es mejor o peor.
Cuando escucho estos sambenitos, me hago muchas preguntas; si mi padre nació en 1907, momento en que aún no se conocía en Cuba la radio, ni la televisión, ni incluso el servicio sanitario; y tenía 14 años cuando en agosto de 1922 surgió la primera planta con transmisión continuada que atravesó el éter por iniciativa del músico camagüeyano Luis Casas Romero; y el 24 de octubre de 1950, el mismo día que él cumplió sus 43 años, fue inaugurada la televisión en este país; y si como comentaba había estrenado los primeros servicios sanitarios en los tiempos en que residía con mis abuelos en El Vedado, en La Habana, entonces, ¿qué fueron él y su generación ante tan importantes sucesos?

viernes, 8 de julio de 2016

Uno de los sustos de mi abuela Celia


Imagen tomada de: www.guiainfantil.com
Razón tuvo Félix Varela cuando expresó: “Si conducimos a un niño por los pasos que la naturaleza indica, veremos que sus primeras ideas no son numerosas; pero sí tan exactas como las del filósofo más profundo. Hablemos en el lenguaje de los niños, y ellos nos entenderán”. Al encontrarme con esto, por azar, recordé lo que hoy comparto.
Me contaba mi padre que su hermano René, a quien le decíamos Nené, nació en marzo de 1918, ahora no recuerdo el día exacto, y mi tía Celita, el 19 de mayo de 1919, ella tiene unos lindos 97 años. Le decían la niña porque de ocho hermanos, hasta su nacimiento ya eran cuatro varones y ella era la única hembrita.
Vivían entonces en el reparto La Zambrana, de la ciudad de Camagüey, y entre las tantas historias de una familia, muy bonita para mi gusto, les cuento esta.
Celita permanecía en su cuna, era muy pequeñina, y mi abuela le encomendó una tarea a mi tío Nené: “Ve y dale una vuelta a la niña”.
Él partió raudo y veloz, creo que hasta se sintió importante, tan pequeñito, casi igual que su hermanita, había recibido una orden vital.
Fue hasta el cuarto, estuvo un ratico junto a Celita y al parecer nada especial ocurría, pero para sorpresa de mi abuela Nené regresó y le dijo muy preocupado: “Mamá, la niña tá jeringá”.
MI abuela corrió a ver a su hija, quién sabe todo lo que pensó durante minutos, quizá segundos hasta llegar al cuarto, en efecto, mi tío había cumplido al pie de la letra; se encaramó como pudo, pues no alcanzaba hasta su hermanita, la cogió y le dio la vuelta, así literalmente, y luego no pudo enderezarla, estaba hecha un rollito, en una palabra: jeringá.