martes, 30 de agosto de 2016

¿Qué somos?



Imagen tomada de: http://narrativabreve.com
Todos hemos caído en la “trampa” de las nuevas tecnologías. Es lógico e inevitable. Unos, llamados nativos —sugieren que los jóvenes saben cómo utilizar la tecnología intuitivamente y por lo tanto no requieren de educación o formación digital—, algo que para algunos es verdadera falacia; y a otros, los denominan "inmigrantes digitales", imagine como si no fuera de mi país, y aquí lo que oigo es que nos señalan como dinosaurios. No sé qué es mejor o peor.
Cuando escucho estos sambenitos, me hago muchas preguntas; si mi padre nació en 1907, momento en que aún no se conocía en Cuba la radio, ni la televisión, ni incluso el servicio sanitario; y tenía 14 años cuando en agosto de 1922 surgió la primera planta con transmisión continuada que atravesó el éter por iniciativa del músico camagüeyano Luis Casas Romero; y el 24 de octubre de 1950, el mismo día que él cumplió sus 43 años, fue inaugurada la televisión en este país; y si como comentaba había estrenado los primeros servicios sanitarios en los tiempos en que residía con mis abuelos en El Vedado, en La Habana, entonces, ¿qué fueron él y su generación ante tan importantes sucesos?

¿Serían nativos, adolescentes o dinosaurios? Habría que sacar cuentas y confieso soy muy mala en eso. Y los nativos de la computación, ¿cómo serían llamados para esos acontecimientos? La verdad, me enredo.
Obviamente, la computación revolucionó el mundo, pero, ¿habría surgido sin todo lo anterior? Como mismo cambió el modo de ver y de vernos Cuba no escapa al acontecimiento. Entre obstáculos y conquistas esa tecnología nos acompaña y nos seduce, tanto que mi propio padre la conoció, aplaudió y admiró, solo que no logró separarlo de sus libros, esos que son de papel, tocaba con sus manos y lo hacían soñar.
Una joya digna de ser leída.
Mi hermano y yo tuvimos, así tuvimos que leer Corazón, del italiano Edmundo de Amicis, quien murió cuando mi papá tenía solo un año de los 97 vividos. Siempre nos dijo: “Allí encontrarán tantos y tantos valores…, es una biblia acerca de la familia y la solidaridad humana”. Ya crecidita comprendí el porqué ese texto de 361 páginas ha sido catalogado como historia de historias, novela de novelas y cuento de cuentos, es una verdadera joya.
Ese libro que conservo con celo fue dedicado por mi padre a Grétel y Orielito, dos de sus seis nietos, por supuesto, quienes igual lo leyeron, era como un compromiso familiar.
Los niños y jóvenes de hoy, ¿encontrarán ese tipo de compromiso familiar?, ojalá que sí, son prácticas loables y que sirven para toda la vida.
Lógicamente, todo lo anterior me lleva a otras interrogantes. Nosotros, los de mi generación, que no somos de antaño-antaño, ni de tan cerca-cerca, pero que leemos libros de papel todavía, sin dejar de lado el ciberespacio, ¿qué somos? No creo en eso de dinosaurios ni inmigrantes, más bien, creo, algo así como el aguacate, ni vianda ni fruta… ¿qué creen ustedes?

5 comentarios:


  1. ... no hay nada que creer amiga. Por el contrario. Seguimos siendo los de siempre con mucho de ayer vivido y un presente que nos sabe a Edmundo de Amicis mientras duele ver cómo escasean en esta sociedad que tiende a un mañana insípido y degradado.
    Todavía existimos los que preferimos leer en papel... los que disfrutamos del olor a tinta impresa, de libros nuevos y los que no también!!! Porque somos nosotros... los de siempre...
    Un fuerte abrazo lleno de cosas buenas todas. Inmensa alegría la de poder leerte...

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    1. Adanys, amigo, siempre tan fiel a las cositas que escribo. Gracias mil por eso y por tu sincera opinión, y una aclaración, has vivido del ayer, pero no mucho, ja ja ja, no sea que alguien se confunda y crea que somos contemporáneos, nada de eso, lo ocurrido es que eres un joven de los especiales, capaz de ser científico, escribir bien y leer siempre. Sigue así para ver si algunos se contagian contigo, otro fuerte abrazo que llegue a la Orilla de Tu-MiMar desde mis tinajones...

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  2. Hola, agradezco a amigos por sus comentarios colocados en Facebook, pero sobre todo, por dedicar un poco de su tiempo en entrar al blog, leer y dejar sus opiniones por allá, las que valen y aprecio igual. Ellos fueron: Rubén Darío, Desi Vergara, Gloria María del Río González, Gricel Acosta, Jorge Tomás Balseiro, Yanelda Rivero Reyes, María Elena Sánchez Obregón y Tania Martín. Gracias a todos, mis cariños.

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  3. Con la aprobación de María Delys Cruz Palenzuela, coloco su comentario aquí, porque por cuestiones que desconozco no lo consiguió, algo que ha pasado a otros lectores.
    Lo copio exactamente como lo reprodujo en Facebook:
    Te comento: No me siento tan "dinosaurio" como muchos han intentado hacerme creer. Cuando comenzó la "era
    digital" recuerdo que uno de los primeros blog, por no decir el primero, fue tu CuquiSalud; cuando llamaron a combatir en las redes sociales me situé a la cabeza del tuiteo (ya se españolizó)con la ventaja de mantener mi constumbre de los libros de cabecera, no todos los que quisiera porque nuestro salario no nos lo permite. Conservar joyas como Corazón, y otras que van desde El Principito, Cimarrón, Cecilia Valdés... hasta Cien años de
    soledad, es un privilegio y forma parte del legado a nuestros "nativos" de casa. Suerte de ellos y de
    nosotras.

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    1. María Delys, estoy de acuerdo totalmente contigo, de hecho ese fue el móvil que me movió a hacerme tal pregunta: ¿Qué somos?, y como dijo Adanys arriba: Seguimos siendo los de siempre...
      Solo que hay etiquetas internacionales, nacionales y hasta particulares, que al final nada tienen que ver con el desenvolvimiento y la realidad. Tenemos la dicha de participar activamente en ambos "mundos"; pobre del que deceche esas "joyas" de siempre. Esto fue solo para refrescar un poquito, y claro, suerte de los "nativos" de casa, siempre en pos de nosotras.
      Gracias por entrar, leer y tu opinión.

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